| 01/11/2005
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Introducción Desde la declaración de moratoria unilateral de la deuda mexicana se recurrió a diversos enfoques para tratar el problema de la deuda. En principio se pensó que el mero paso del tiempo (muddling through) sería suficiente para superar la crisis “transitoria”, que afectaba tanto a los bancos acreedores con alta exposición de sus carteras como a los países deudores con dificultades de pago. Se suponía que la solución requería el ajuste de dichas economías y la reprogramación de los compromisos bancarios. Pero con el correr del tiempo quedó demostrado que la crisis en los países endeudados no era temporaria sino que se profundizaba y, por tanto, las medidas utilizadas hasta entonces no lograban acabar definitivamente con el problema. Desde mediados de la década del '80 las respuestas de los acreedores, que pretendían recuperar el máximo posible de sus préstamos, pasaron a tomar en consideración dos alternativas distintas: refinanciar y condonar. El Plan Baker y el Plan Brady sirven de ejemplo de cómo se llevaron a la práctica estas alternativas, las cuales forman parte del marco teórico referido a la sobrecarga de deuda (debt overhang) que será expuesto más adelante siguiendo los principales lineamientos de Krugman (1993). El punto de partida del análisis es que la sobrecarga de deuda disminuye la capacidad de pago a largo plazo del deudor, el cual no encuentra incentivos para invertir o realizar ajustes si sabe que el producto de ello deberá usarse en el futuro para el repago, en vez de aumentar el consumo. Cuando los acreedores reconocen esto pueden contribuir a aliviar parcialmente la carga soportada por el país endeudado a fin de asegurarse cobrar “algo” de sus acreencias y a la vez impedir que se declare la cesación de pagos, que no beneficia a ninguna de las dos partes. La idea de financiar el sobreendeudamiento intentó impulsarse a través de las disposiciones del Plan Baker. Pero como éste no resultó del todo exitoso en el cumplimiento de los objetivos para los cuales se había creado, hubo un cambio de actitud de los acreedores, que optaron por perdonar parte de la deuda. El Plan Brady fue donde se explicitó la nueva predisposición de la comunidad financiera. La racionalidad del cambio de punto de vista residía en el hecho de que si los bancos trataban de cobrar todo podrían desestabilizar al país deudor y terminarían recibiendo menores pagos que de acceder a una condonación. Sin embargo, la teoría indica que la reducción de la deuda por este camino enfrenta una complicación: cada banco individual busca minimizar sus pérdidas esperando que los demás perdonen lo suficiente como para no tener que hacerlo con las propias obligaciones. Es el llamado problema del free-rider, que resulta difícil de resolver cuando no existe un síndico de quiebra que asegure que cada acreedor participe por igual en la reducción de la deuda. También la refinanciación de la deuda está expuesta a tal inconveniente, siendo que en este caso cualquier acreedor individual estará mejor si no presta más al país moroso y deja que los demás tengan que hacerlo para que el deudor no entre en cesación de pagos. Una vez comprendida la base teórica del problema del endeudamiento excesivo y las opciones para tratarlo, se buscará evidencia empírica sobre su aplicación. En particular se considerará cómo se fueron incorporando los países latinos al Plan Brady y, finalmente, se analizará el modo en que nuestro país ingresó al programa y hasta qué punto sirvió para aliviar el peso de la deuda soberana argentina.
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