A casi dos años de una de las peores crisis financieras de la historia, para muchos la peor
de todas, el mundo (principalmente el mundo desarrollado) sigue mostrando dificultades a la hora
de dar señales claras de recuperación. Los estímulos por parte de los Gobierno
han sido la base de la recuperación vista hasta hora en los indicadores financieros, pero
no llegaron a causar iguales efectos en el sector real, que sigue mostrando cifras poco alentadoras.
La semana que pasó trajo nuevas mejoras en los indicadores bursátiles del mundo, los
commodities también fueron contagiados, pero la tendencia duró poco, podríamos
decir hasta el viernes 16, cuando se dieron a conocer las cifras sobre “confianza del consumidor” en
EEUU. Los valores reportados se ubicaron muy por debajo de los del mes anterior, y también
del rango que el mercado estimó el día anterior, los mercados se hicieron eco y terminaron
erosionando parte importante de las ganancias acumuladas los días anteriores.
La falta de confianza siguió siendo el dato que dominó a los mercados, los Gobiernos
europeos, y el Gobierno americano no han podido encontrar el camino que permita encaminar, definitivamente,
el crecimiento. Al margen de algunas políticas que sí fueron acertadas, los mercados
ven con malos ojos el excesivo déficit fiscal en la zona Euro y en EEUU, es decir, los mercados
ven a la solvencia fiscal como la principal amenaza, y mientras no se tomen cartas en el asunto la
recuperación será sólo un deseo.
Los niveles actuales de deuda resultan insostenibles en el mediano plazo, el Gobierno de EEUU como
también así los Gobiernos de la zona euro deberán encauzar esto, es decir, si
queremos un crecimiento sustentado en la confianza se necesita hoy de políticas de ajuste
que mejoren las cuentas fiscales. Pero quedarnos sólo en el problema fiscal sería demasiado
limitado, el mundo está viviendo una suerte de desequilibrios cada vez más marcados.
La devaluación del euro, o la mejora del dólar, se traduce en mejores cuentas externa
para los países de la zona Euro, pero en un marcado deterioro de las cuentas externas americanas;
por otro lado, algunos países de la zona Euro necesitan ajustes para volver a acceder al crédito
internacional (Grecia, por ejemplo), mientras que otros, que no tienen problema alguno de crédito
(cómo es el caso de Alemania y Reino Unido), van a terminar el año con un importante
superávit de cuenta corriente en términos del Producto. Todo lo anterior evidencia
que, a pesar de los problemas relativos a las negativas cuentas públicas, es evidente que
los desequilibrios globales se suman como factores negativos para el crecimiento económico.
Como se evidencia los desafíos son claros, sólo resta ver si los Gobiernos están
capacitados para tomar las medidas que se esperan. La regulación sigue siendo necesaria, pero
a esta altura, donde el crecimiento debe consolidarse de una vez, los ajustes fiscales y la necesidad
de eliminar desequilibrios globales se plantean como los principales temas de discusión para
los meses que se avecinan.
El objetivo detrás de todo esto seguirá siendo lograr que la confianza se apodere,
lentamente, de los mercados. |