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.: “Economía y Empresas - Mitos y realidades del campo argentino ”

27/04/2008 - Diario El Puntal, Río Cuarto

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El debate suscitado durante las últimas semanas sobre el campo y su realidad se han llevado a cabo bajo una serie de hechos estilizados que – supuestamente – reflejan la realidad del sector productivo más antiguo del país. Tipo de cambio ventajoso, costos pesificados y una primavera de precios internacionales se han esgrimido – entre otros - como los justificativos para llevar adelante una política tributaria extrema sobre el sector. Sin embargo, resulta vital para comprender esta realidad encarar estos supuestos y su realidad de una manera analítica, a fin de entender efectivamente cuanta verdad y cuanto mito estamos discutiendo.

En primer lugar, tenemos el mito de que los productores se han beneficiado con precios internacionales extraordinarios. Para estudiar esto llevamos adelante una estimación del Valor Bruto de Producción (el resultado de la producción multiplicado pro los precios internos percibidos por los productores e industriales en valores constantes) de los sectores primario y agroindustrial (utilizando los cinco productos que representan el 80% del sector) tomando como base el promedio 1992 – 1999. Los resultados de esta estimación muestran que mientras los precios permanecen planchados en términos del promedio 1992-99, los volúmenes producidos casi se han triplicado. Esto quiere decir que si el campo factura más es simplemente porque produce más, gracias a mejoras tecnológicas, y no por precios internos extraordinariamente altos ya que la mayor parte de los picos extraordinarios en los mercados internacionales durante los últimos años fueron absorbidos por las retenciones.

En economía se sabe que si alguien produce más es por la ampliación de los factores de producción o mayor productividad, lo que nos lleva al segundo mito, que el campo compra muchas camionetas todo terreno. Realizando el mismo ejercicio del párrafo anterior, encontramos que la compra de maquinaria agrícola en Argentina se ha duplicado en los últimos años respecto al promedio 92-99, mientras que el patentamiento de camionetas todo terreno está solamente en los niveles de la década del 90.

¿Qué podemos decir respecto al mito del tipo de cambio competitivo?

Aquí debemos ser un poco más precisos. Lo que nos interesa en este punto es cuantificar cuanto realmente percibe el productor en moneda constante, por el hecho de que si a Usted le triplican el sueldo, pero los precios de los bienes que usa también triplican su valor, no tendrá ningún beneficio real. Esto es efectivamente lo que ocurre con el campo: si descontamos la inflación mayorista general al tipo de cambio nominal encontramos que el valor real del dólar está cercano a $1,50 por dólar, todavía un 50% mayor al anterior a la devaluación. Sin embargo, las retenciones - al restarle al productor parte del valor de exportación - sustraen otra fracción al valor constante de la moneda, lo que lleva a que el dólar en pesos constantes sea aproximadamente 0,84 centavos de peso por dólar en el caso de la soja.

Esto nos lleva al cuarto mito del campo, el de los costos pesificados. Los costos de los insumos básicos del campo (gasoil, fertilizantes, agroquímicos y mano de obra) se han incrementado en pesos constantes un 150%, con una particular aceleración en los últimos meses que los han casi duplicado.

Si bien los precios de los productos agrícolas han crecido en los últimos días – lo que llevaría a anular los incrementos de costos – analizar el siguiente mito aquí revisado nos permitirá echar tierra sobre este asunto. Éste refiere a que el nuevo esquema de retenciones favorece a los productores porque a una baja del precio internacional también lo hará la alícuota de la retención. Esto es cierto a niveles por debajo de USD 350, en donde la alícuota será menor al esquema anterior del 35%. Sin embargo, con el nuevo sistema, cualquier incremento de precios internacional por encima de los USD 600 será retenido exclusivamente por el gobierno. Esto significa que el Estado argentino establece que nadie podrá recibir más de USD 300 dólares por tonelada de soja vendida, aunque su precio final sea de USD 800, 900 o 1000. El resto del precio será percibido por el Estado como impuesto. Consecuentemente, en un contexto de insumos cada vez mas caros, y/o dólar cada vez más devaluado, el ajuste del sector será por rentabilidad, es decir, menor ganancia para el productor.

El último mito estudiado fue tal vez el más poderoso: el que la soja ha sido responsable de la desaparición progresiva de los demás cultivos de la Argentina. Sin embargo, un análisis similar al realizado en el primer mito, demuestra que la producción de trigo y maíz creció en nuestro país 25% y 71%, respectivamente, en comparación a los niveles de 92 - 99. Asimismo, la producción de leche en nuestro país creció un 20% respecto al mismo período en 2006. Si bien es cierto que la producción de soja creció más que estos productos es importante entender que lo hizo sin desplazar la producción del resto de los cultivos.

Brevemente hemos resumido seis puntos esenciales sobre el debate del campo con un análisis cuantitativo. Creemos firmemente que es indispensable para poder llevar adelante políticas válidas conocer y comprender la dinámica de uno de los sectores que ha registrado mayores transformaciones en los últimos años. Será esta la única forma de comprender realmente el alcance de una política pública justa y equitativa. Confiamos en que estos números ayudarán a llevarla a cabo.


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